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viernes 17 de abril de 2026
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Compañía Nativa ampliará su planta industrial para seguir expandiendo el modelo de negocios

Con una trayectoria de 35 años que combina el legado familiar con una visión vanguardista, Compañía Nativa, la empresa liderada por Juan Cambrea y sus hijas Florencia y Clara, se posiciona como un referente del diseño vertical en nuestro país.
Tras la incorporación de tecnología de secado única en el país y la adquisición de nuevos predios, la firma proyecta una expansión del 100% en su capacidad productiva, integrando desde la arquitectura hasta el detalle mínimo del interiorismo.

 

De la artesanía al diseño transnacional

La génesis de Compañía Nativa fue “Galería Estudio”, un pequeño local de artesanías del norte argentino en el Puerto de Frutos, Tigre, provincia de Buenos Aires. Ese emprendimiento creado por Juan Cambrea, padre de las actuales directoras de la empresa, mutó radicalmente tras la crisis de 2001. “Fue el momento de quiebre”, recuerda Florencia Cambrea, directora Comercial. Ante la imposibilidad de importar, la empresa tomó una decisión estratégica: aprender a fabricar desde cero en el país, dominando toda la cadena de valor de la madera.
Hoy, la compañía está consolidada en un modelo que integra la importación selectiva de piezas de diversos orígenes (Indonesia, India, China, Vietnam, etc.) con una fabricación propia en pleno desarrollo. Esta dualidad le permite ofrecer un catálogo que Florencia define como una “curaduría minuciosa”, donde cada objeto, desde un mueble de gran escala hasta un accesorio de bazar, ha sido seleccionado o diseñado personalmente por las directoras.

 

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El salto hacia la escala industrial

Actualmente, Compañía Nativa opera en tres sedes que superan los 6.000 metros cuadrados cada una: el showroom comercial, el centro logístico de depósito y la planta industrial.
Clara Cambrea, arquitecta y directora de Producción, detalla la reciente expansión: “El año pasado adquirimos dos terrenos más y ampliamos la fábrica en un 100%”. Esta infraestructura no es solo una cuestión de metros cuadrados, sino de autonomía operativa. La planta cuenta con unidades de carpintería (troncal del negocio), herrería con cabina de pintura en polvo ‒un diferencial poco común en fábricas de la madera‒, taller CNC, tapicería y, próximamente, esperan el arribo de una máquina especial para trabajar mármol y hasta un secadero propio de última tecnología, único en el país.

 

 

Eficiencia con ADN artesanal

La inversión en bienes de capital ha sido intensiva en el último trienio. La empresa incorporó maquinaria específica proveniente de China para profesionalizar los procesos sin perder lo que denominan el “tinte artesanal”. El objetivo, según Clara, es evolucionar hacia una producción semi-industrial.
“Buscamos la optimización de tiempos y recursos para ser más competitivos”, explica la directora de Producción. La reciente incorporación de una plegadora de chapa de alta capacidad y un tercer contenedor de maquinaria de origen chino refuerza la premisa de generar recursos propios y minimizar la tercerización. Esta autonomía no solo reduce costos operativos, sino que libera la capacidad creativa del estudio, permitiendo prototipar diseños complejos de madera maciza, metal y piedra en tiempos récord.

 

Del mueble a la experiencia habitacional

Si bien el consumidor final sigue siendo el núcleo de la facturación, el perfil del cliente se ha sofisticado, abarcando hoy a interioristas, desarrolladores inmobiliarios y proyectos gastronómicos de alta gama. La ubicación estratégica de la empresa, cercana a polos de crecimiento habitacional como Nordelta, ha traccionado una demanda que busca “muebles de escala”, piezas que generen confort y jerarquía en espacios amplios.
La visión de la empresa trasciende la venta de mobiliario; se trata de una oferta de interiorismo integral. Florencia destaca que el asesoramiento es una pieza clave del cierre comercial: “No es solo un producto, vendemos una experiencia. El cliente recibe una consultoría que lo ubica en tiempo y forma respecto a lo que su ambiente necesita”.

 

Filosofía empresaria y planes a futuro

El futuro de la firma se materializa en el proyecto Casa Nativa, un concepto que lleva la marca a la escala arquitectónica. “Podemos ofrecer el servicio integral desde el terreno hasta la fragancia”, afirma Clara Cambrea.
Este proyecto funciona como un “manifiesto” de la filosofía de la empresa: el uso de materiales nobles (madera maciza de especies nativas como petiribí, cedro y lapacho), piedras naturales como el travertino y textiles de fibras orgánicas.
Con la mirada puesta en 2026, Compañía Nativa planea continuar con la expansión física de su planta y profundizar su presencia en desarrollos inmobiliarios de lujo, como su reciente desembarco en San Martín de los Andes. La meta es clara: seguir innovando en tendencias internacionales sin sacrificar la nobleza del trabajo artesanal que les dio origen hace tres décadas.

La nobleza de la madera nativa

El diferencial competitivo de la empresa reside en el uso de especies forestales de alto valor. A diferencia del mercado masivo que opta por maderas de reforestación o enchapados melamínicos, Compañía Nativa trabaja exclusivamente con maderas macizas del norte argentino (Salta y Jujuy).
Especies Predominantes: El catálogo se construye sobre la base del Petiribí, Cedro, Lapacho, Guayubira, Timbó y Roble.
Trazabilidad y Sustentabilidad: Aunque la certificación forestal es un desafío en el sector, la empresa garantiza la legalidad mediante un sistema de guías y un enfoque de “aprovechamiento múltiple”, donde los remanentes de las piezas de gran escala se reutilizan para la línea de pequeños objetos (bazar y ventiladores).
Terminaciones Sensoriales: La filosofía de la marca rechaza los acabados brillantes. Se utilizan hidrolacas mate y satinadas que preservan el tacto natural. Además, aplican procesos de envejecido mediante arenado o cepillado con discos de pelo de acero para resaltar la veta y el carácter histórico de la madera.

 

 

El diferencial del secado por radiofrecuencia
Por la Ing. María Elena Atencia

Secadero de radiofrecuencia

Uno de los hitos tecnológicos más disruptivos de la planta de Compañía Nativa es la incorporación de un secadero eléctrico por radiofrecuencia, una tecnología de origen asiático que es prácticamente única en Argentina. A diferencia de los métodos tradicionales por aire o gas, que pueden demandar entre 30 y 40 días para estabilizar la humedad de la madera, este sistema reduce el proceso a un rango de 5 a 7 días.
Esta velocidad no solo optimiza el flujo de caja y los tiempos de entrega, sino que garantiza una mayor estabilidad dimensional en maderas nativas densas como el lapacho o el urunday. Además, la planta ha integrado procesos de tratamiento de superficies con hidrolacas satinadas y técnicas de envejecimiento mecánico (arenado y cepillado con pelo de acero), asegurando que el material mantenga su comportamiento natural y ecológico, respaldado por un sistema de guías que certifica su procedencia del norte del país.

 

Acceso a la entrevista completa:

 

 

 

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