En un escenario de incertidumbre económica, la transformación industrial no surge de la inversión de capital, sino de la capacidad del diseño para innovar en los procesos y modelos de negocio.
Así se desprende de las opiniones del DI Adrián Lemme y el Arq. Jonny Gallardo en el episodio inaugural de DISEÑA[2]. A través de un análisis que cruza la formación académica con la realidad del mercado, los especialistas diseccionan cómo la disciplina articula respuestas frente a la crisis y los cambios de paradigma productivo.
DISEÑA[2] tiene por objetivo proponer una agenda de temas que abran el debate sobre la actualidad del diseño como herramienta de mejora productiva e innovación en los negocios de la industria del mueble y el interiorismo. En este primer episodio, el tema que convocó las opiniones de Lemme y Gallardo planteó cuáles son los aportes del diseño a la industria en un contexto local e internacional adverso y apremiante.
¿Cómo impacta en el diseño el contexto socioeconómico?
Para los especialistas, el diseño es, por definición, una actividad contextual. No nace en el vacío, sino que debe ser el reflejo de su tiempo. En este sentido, Jonny Gallardo marca una distinción fundamental: mientras que en épocas de bonanza el diseño se permite arriesgar y experimentar, en escenarios de crisis como el actual, la disciplina se vuelve estrictamente estratégica. Ya no es un atributo reservado a una élite, sino una herramienta de supervivencia.
Esta visión de “supervivencia” es compartida por Adrián Lemme, quien define el diseño hoy como un acto de subsistencia productiva. Ante una matriz productiva local en tensión por políticas estratégicas cambiantes y una inestabilidad geopolítica global, el diseño emerge como la llave para que la industria local no sucumba.
El impacto socioeconómico redefine el rol del profesional. Lemme propone la figura del diseñador como un agente de reconversión. No se trata solo de crear objetos estéticamente diferenciales para competir con productos globalizados de bajo costo, sino de aplicar la capacidad proyectual para optimizar recursos, simplificar procesos y dotar de eficiencia a las cadenas productivas.
Gallardo añade que esta reconversión transforma al proyectista en un negociador permanente. Debe mediar entre la tecnología disponible, los medios de producción y una sociedad con necesidades urgentes, permitiendo generar productos nuevos o mejorar los existentes en un terreno híbrido donde conviven lo artesanal y lo industrial. Es, en definitiva, un ejercicio de resistencia donde el diseño ayuda a las empresas a diferenciarse y adaptarse en eficiencia y comunicación.
Los cambios en el modelo industrial ¿crean un nuevo diseño?
La respuesta de ambos expertos es afirmativa: la mutación de los modos de producción hacia sistemas más flexibles, digitalizados e interconectados exige una nueva forma de entender el ejercicio profesional. Hemos superado la rigidez de la producción en masa para entrar en una transición paradigmática donde el diseño es parte central del cambio.
Adrián Lemme destaca que las tareas del diseñador son hoy más que nunca interdisciplinares, combinando medios tradicionales con tecnologías aditivas e Inteligencia Artificial como herramientas cotidianas para resolver problemas complejos. El producto ya no se agota en el objeto físico; se extiende a experiencias de usuario, interfaces y servicios. Esto exige una mirada panóptica de la empresa para traducir las demandas del mercado en estrategias integrales que mejoren la competitividad.
Por su parte, Gallardo observa que este “nuevo diseño” debe ser más consciente y sistémico. Sin embargo, advierte sobre las tensiones de una industria que desea modernizarse, pero enfrenta limitaciones estructurales y financieras. En este contexto, el diseño debe consolidarse como un servicio clave que permita a las PyMEs y pequeños talleres encontrar soluciones originales que no dependan exclusivamente de tecnología de punta, sino de la inteligencia aplicada a los recursos disponibles.
Aparece aquí un factor crítico: el riesgo de la precarización y la subvaloración del talento local. Gallardo señala que muchos jóvenes encuentran más rentable producir renders “enlatados” para el exterior que integrarse en las contadas industrias locales que persisten. Por ello, el diseño actual es también una toma de posición política e ideal: sin industria nacional, el diseño se vacía de contenido; con ella, adquiere raíz y propósito.
El diseño como raíz de la identidad productiva
La transformación industrial no es un proceso neutro; es una decisión que involucra identidades y futuro. Para Lemme, la articulación entre el diseño y los oficios territoriales —especialmente en el sector madera-mueble— es la oportunidad de generar productos con un valor intrínseco que la estandarización global no puede replicar. Los saberes locales no son piezas de museo, sino herramientas estratégicas de reconversión que permiten construir un modelo de desarrollo con identidad propia.
Como cierre de este primer encuentro de DISEÑA[2], el planteo queda claro: diseñar hoy en Argentina es elegir qué país y qué industria queremos construir. El diseño es la herramienta para intervenir en la realidad y crear un futuro productivo más justo, eficiente y, fundamentalmente, genuino. Mientras la industria persista, el diseño tendrá una razón de ser: ser la solución y no parte del problema.
Acceso al podcast #1 DISEÑA[2]
Este artículo cuenta con aporte de IA. Producción general, curaduría de contenidos y redacción y edición a cargo del autor.












