En un escenario global donde la eficiencia energética ha dejado de ser una opción para convertirse en una necesidad estructural, el estándar Passivhaus emerge en Argentina como la frontera más avanzada de la arquitectura sostenible. El arquitecto Pablo Fernández, titular del Estudio Atmósfera Passivhaus, lidera esta transición en el país, promoviendo un modelo que combina la sabiduría constructiva con el rigor del cálculo científico.
El retorno a lo esencial mediante la tecnología
Lejos de ser una moda pasajera, el concepto se basa en principios de eficiencia extrema. Según explica Fernández, se trata de viviendas de muy bajo consumo que rescatan estrategias como la orientación y la inercia térmica. “Son conocimientos ancestrales, no son algo inventado nuevo”, señala el arquitecto. Destaca que la innovación reside en cómo se conjugan estas bases con nuevas tecnologías para alcanzar estándares de calidad superiores.
En el mercado global existen diversas certificaciones de sustentabilidad en el mercado. El sello alemán se distingue por su enfoque pragmático. Mientras otros sistemas evalúan múltiples variables, el Passivhaus se concentra en la energía operativa del edificio. “Se centra sobre todo en la parte de bajo consumo energético, llegando a una alta calidad del confort interior, de la salud y del ambiente”, afirma Fernández.
La madera como aliado estratégico
Uno de los puntos más técnicos del estándar es su neutralidad material: no utilizar un sistema específico. Sin embargo, la madera se posiciona como el material predilecto para alcanzar estas metas en el contexto local. El Arq. Fernández destaca su “huella de carbono positiva” (en términos de captura de CO2) y sus propiedades físicas: “Los puentes térmicos de una columna de hormigón son mucho más complejos de resolver que los de una de madera, porque esta tiene una transmitancia térmica muy baja”.
Actualmente, el sistema Passivhaus se encuentra en una etapa de “nacimiento” en el mercado argentino. La mayoría de los proyectos certificados pertenecen a arquitectos que han decidido ser sus propios clientes para demostrar la viabilidad del sistema. “Todavía no hay un desarrollo de un mercado de clientes; somos los propios arquitectos los que estamos haciendo nuestras casas con este sistema”, explica el profesional. Advierte que la construcción en seco y el frame de madera llevan una ventaja competitiva sobre el ladrillo hueco tradicional.
Ciencia aplicada al detalle constructivo
Lo que diferencia al Passivhaus de una construcción simplemente “bien aislada” es la verificación. Cada proyecto se calcula, se proyecta y, finalmente, se mide en obra. Para Fernández, el aporte fundamental que aporta este sistema es el “conocimiento científico de cómo va a operar esa casa en cuanto a calefacción y refrigeración”. Es, en esencia, aportar “ciencia al detalle constructivo”, agrega.
Los 5 pilares del estándar Passivhouse
Para que una edificación sea certificada Passivhaus debe cumplir con estos principios:
- Aislamiento térmico de alto desempeño: Una envolvente continua que minimiza la transferencia de calor.
- Ausencia de puentes térmicos: Eliminación de puntos débiles donde se interrumpe el aislamiento.
- Hermeticidad al aire: Control estricto de filtraciones para evitar pérdidas de energía.
- Carpinterías de altas prestaciones: Ventanas y puertas con marcos aislantes y vidriado avanzado.
- Ventilación mecánica con recuperación de calor: Aire puro constante utilizando la energía del aire saliente para acondicionar el entrante.
PERFIL PabloFernández es arquitecto especializado en arquitectura sustentable y eficiencia energética. Es titular del Estudio Atmósfera Passivhaus, desde donde lidera el diseño y la ejecución de proyectos bajo el estándar alemán de construcción pasiva. Su enfoque combina la investigación académica con la práctica profesional, siendo uno de los pioneros en Argentina en la promoción de viviendas que minimizan la huella ambiental sin sacrificar el confort térmico.
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